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Monday

Estoy mal, y lo peor es que son cosas, por definición, sin salida...
 

Friday

Tengo un trabajo que me gusta pero es muy demandante de tiempo, y del que no puedo prescindir por motivos económicos; también grandes dificultades para la organización de actividades y la gestión de la energía -debida sobre todo a la hiperactividad mental- y pequeños problemas de salud. Tengo poco tiempo libre. También necesito mucho tiempo para concentrarme en tareas creativas.
Todo ello hace que tenga que renunciar a dos de mis actividades de tiempo libre favoritas: leer y escribir.
Mi medio favorito de lucha humanista y activismo por la libertad y la armonía de los seres conscientes es la creación literaria de ficción, plasmada en géneros experimentales como el calipoema, el videopoema o la prosa con dibujos, a la cual me veo obligado a renunciar, al menos por el momento. También a otras actividades de tipo voluntariado y organización de actividades constructivas de un mundo más habitable.
Esto me causa bastante frustración y tristeza al pensar en las vidas y dignidades que cualquiera de nosotros puede salvar a través de un activismo imaginativo y en comunión con nuestros semejantes.

AUN ASÍ:
hay ciertas cosas que sí estoy haciendo. Si las cuento no es para atizar el ego, sino para mostrar que todos podemos poner un granito de arena, y a veces no tan pequeño. Todo el mundo tiene dificultades pero, al igual que yo, aún hay mucho que puede hacer.

No contribuyo a través de mi consumo a la explotación de animales, personas ni del medio ambiente. Llevo una vida consciente y relativamente conectada con mis verdaderas necesidades, evitando actuar por imitación o resignación.

Renuncié al coche, al teléfono móvil, a la TV y por supuesto a los productos de origen animal, a los productos de la agricultura agresiva, etc. El desembolso extra que esto supone a veces no me supone mayor problema; me he quitado muchos gastos innecesarios, como el de tomar algo cada vez que quedo con un amigo. Prefiero dar un paseo y beber de una fuente.
Procuro practicar la empatía con todo el mundo. No escatimo en cosas aparentemente rituales pero que activan el ciclo de la energía, como sonrisas, muestras de agradecimiento y comprensión, abrazos o muestras de empatía. Todo ello sin juzgar al prójimo, sólo protegiéndome de los posibles efectos que puedan tener en mí las acciones desconectadas de la esencia humana (violencia, etc.) pero sin juzgar. El juicio, como la autoridad y la coerción, aviva el ciclo de la negatividad.

He adquirido el hábito de preguntarme de vez en cuando cuáles son las necesidades reales del ser humano, hasta qué punto mi vida, pensamiento y acciones están orientados a atender esas necesidades, y qué formas concretas tengo para fortalecer la conexión entre unas y otras. Esto supone dejar de hacer, pensar y decir ciertas cosas que hacemos, pensamos y decimos por imitación o buscando la aparente seguridad que da la uniformidad del grupo.

Procuro pasar tiempo con las personas que me quieren y que sea un tiempo de bastante intercambio afectivo y de recarga de pilas. No siempre lo consigo, debido a los citados problemas de administración.

Por último, participo mínimamente en las luchas sociales humanistas de nuestro confuso tiempo. Divulgo el mensaje de las iniciativas que buscan agitar conciencias y construir un entorno más habitable, no sólo en el territorio de un país sino en todo el planeta. Para ello, parto del principio de la interconexión espiritual universal.

Todo eso es mucho menos de lo que querría hacer (la propia hiperactividad mental hace que tenga montones de ideas que me veo orillado a cancelar), pero creo que las acciones y actitudes citadas están al alcance de mucha gente igual que yo, con problemas y limitaciones pero medianamente conectada con las necesidades reales del ser humano.



el lastre...

Lui Sidzo V Slow es vegetariano desde hace 7 años, nunca ha comido por comer, le encanta el ejercicio físico y las cosas equilibradas. No toma alcohol y no fuma.
¡Ah! Tampoco tiene un metabolismo especialmente propenso a ganar peso.

Pese a todo ello, tiene una barriga desproporcionada a su cuerpo, un lastre grotesco y pesado que lleva como 5 años creciendo y últimamente está empezando a notar molestias en las rodillas.
¿A qué se debe?
Es fácil: es una forma concreta y física que ha tomado el T.O.C.P. (trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad) que tiene desde hace muchos años (aunque a la mayor parte de vosotr@s, amig@s, no se lo ha contado). Pero,  ¿qué relación tiene un problema psicológico con una barriga? He aquí mi hipótesis:
1. Le ataca mediante tormentas de ideas que interrumpen su circuito de energía, el Tao y todo lo que fluye entre el universo y él. En un momento dado, se estableció una costumbre, la de mitigar la tormenta de ideas comiendo (casi siempre pan o cereales). Esa costumbre ya es algo automatizado.
2. Cuando se pone a hacer ejercicio, le ataca con una nueva tormenta de ideas que redobla su actividad, haciendo que 15 minutos de carrera, por ejemplo, resulten algo mentalmente agotador dada la intensa y compulsiva actividad mental.
3. Ataca a la programación del tiempo y organización de tareas (nunca es el día apropiado para salir a hacer ejercicio). Y cuando uno trabaja por su cuenta, sin horario fijo, se da un buen caldo de cultivo para este tercer mecanismo...


la niña y el papá

ufff...
En el tren.
La niña intentaba hablar de cosas como dibujos, cuentos, etc.
El papá, tan desconectado de ella que parecía que al principio hablaba con otra persona a través del móvil.
Le hablaba a la niña en términos adultos, pero de adulto condicionado por lo convencional y lo aburrido.
"Entonces, vamos a ver, ¿tú qué sabes de matemáticas?"
"Pero...en el tiempo que llevas en el colegio, ¿sólo has aprendido eso?"
y perlas por el estilo.


Ojalá escuche también a la niña de vez en cuando. Los niños tienen muchísimo que enseñar.

Wednesday

sobre mí*about me


Este mundo físico es aparente. El problema es que está muy conseguido.
Ayer me asomé al mundo tal como es y todavía estoy temblando. Si no has visto lo que yo vi, o sólo en el cine, te envidio mucho. Mi única salida es tener la remota posibilidad de que mañana sea distinto.
También el sistema egoísta y violento que impregna nuestras sociedades y mordisquea voraz este planeta, originalmente verdiazul. Todo tiene precio, todo es negociable. El prójimo es un competidor al que no hay que quitar ojo, o bien una presencia imprescindible que no puede defraudar jamás –como se le ocurra...- nuestras altas espectativas. El camino medio no parece estar muy de moda. La muerte se toma de forma muy traumática. Y muchas veces la gente parece necesitar el conflicto para relacionarse con los demás.
Con estas condiciones de partida... Intento ir saltando por las islas de sencillez y belleza, las cosas pequeñas que no se ve con los ojos, que hay en medio de tan turbulento océano. Estoy lo más tranquilo posible, no cansarme ni hacer mucho esfuerzo por ser “normal”. No molestar a los demás es prioritario. Si se puede ayudar, mejor que mejor. A los demás o a mí; nunca vi clara la diferencia entre una cosa y la otra. Sólo estamos separados física y provisionalmente. Hay que contribuir a mejorar el grado de desarrollo de nuestra peculiar especie en sus distintas dimensiones: la física y de supervivencia, la social, la intelectual, la social, la espiritual. Dentro de uno está la paz que hay que difundir por el mundo como si plantásemos pequeños árboles cuyas ramas pronto se irán conectando con el de al lado, y así sucesivamente, en lo que será un sistema de relaciones fundados en el reconocimiento de nuestra condición humana y, por tanto, solidaria y no competitiva (o sea, algo más innovador que todos esos cachibaches de ocio y consumo que inventamos). Y eso que llaman “amor”, pero sin referirme aquí al posesivo y apegado sino a la capacidad para sentir complicidad (com + pasión) con cualquier bicho por el hecho de que éste, como nosotros, tenga piel, pulmones, nervios, etc.
Procuro mantenerme independiente de normas comunitarias más o menos artificiales que interfieran en los objetivos descritos. Actuar de acuerdo a los propios principios es algo espontáneo que no hace falta pensar o sudar. Paso de vivir en continua pendencia con mis semejantes. En eso consiste precisamente la disputa continua que es este camino. Dicen que mi nombre quiere decir algo relacionado algo relacionado con la lucha. Eso es casualidad, pero intento recordarlo en el cotidiano conflicto contra mi propia sombra y contra un mundo arrogante que intenta reducirme a unas cuantas notas inconexas y un boli destintado.
Aun así, la supervivencia no es fácil en una burbuja de paredes no muy gruesas y en la que ya se han practicado varios agujeros...
Hay que contribuir a la construcción de un mundo más humano. La revolución ya está en marcha en el terreno económico, social, etc; hay que extenderla al ámbito de las relaciones personales para que éstas también vayan dejando de estar tan impregnadas por la competencia, especulación y violencia.
Intento no cansarme mucho excepto cuando me lo puedo permitir y hay una buena razón (cosas que no suelen ocurrir a la vez).

Trenzado de esperanza y angustia

A propósito del Movimiento. La (r)evolución está en marcha, ya lleva mucho tiempo pero empieza a hacer ruido. Inmerso en la espontánea y esperanzada celebración asamblearia, me debatía contra la tristeza y el vértigo de los abismos a que mi propio viajero interior se ha asomado últimamente. La mitad de mí se contagiaba del sereno optimismo que reinaba en esta plaza del mundo, mi otra parte se daba a un llanto sordo y seco en un desierto ahogado donde se refugia a veces para no oír los gritos de que se alimenta el miedo. Esos abismos se llaman violencia y resignación, se llaman hambre, y ya no son cosa de las noticias ni de lugares lejanos de destino inevitable. Ahora que el mundo, cansado, se ha puesto las alas de la juventud, ahora que la (r)evolución pacífica está en marcha, hay que incorporar toda la tragedia humana, la coherción y el miedo de cada rincón del planeta, anuestro paquete de reivindicaciones. Ha de ser la liberación de todos. Hay que ampliar la definición del movimiento. Las diferencias extremas entre ricos y pobres, además de la artificial necesidad de pasarnos el día preocupados en lo material -los pobres inventándose trucos para sobrevivir un día más, los ricos arrastrados en sus acciones por la obsesión de no perder lo que tienen, ofreciendo nuevos sacrificios a los insaciables dioses de la codicia- son características intrínsecas de eso tan obsoleto que llaman "sistema" - están detrás de la muerte y el sufrimiento de much@s. Sólo el desmantelamiento pacífico de los propios cimientos del sistema nos va a permitir acabar con tanto dolor y sacrificio y empezar a vivir dignamente como especie en un medio físico que, con suerte y lucha, podremos salvar aunque sea parcialmente.
Podría escribir bonito, quizá, quién sabe, si tuviera la calma y la paz para ello.
Sobre este tema llevo escribiendo años, quizá siempre escribí sobre ello en mi mente. Ahora, me llena de una esperanza casi desconocida ver la causa en la calle, en los gestos y pancartas de miles de congéneres, y sobre todo el hecho de que no sea una causa puntual o aislada, sino la expresión solidaria e imparable de un deseo tan básico y general como el de una vida digna y el respeto a todos los seres vivos. Esta amplitud de miras que caracteriza al movimiento me permite albergar la necesaria aspiración de que se unan cada vez más y más causas concretas para sacar a más y más herman@s del sufrimiento y el miedo.
Esta ola, imparable, es ejemplo de fenómeno global y es irreversible porque superó la barrera más infranqueable, la del conformismo, y rompió la burbuja material de gruesas capas publicitarias para estallar en un grito que reivindica la condición humana. Los jóvenes toman las calles y callejas, ocupan plazas y avenidas, saltaron los opacos muros de Palacio, unos, otros desataron la hevilla del cinturón de miseria y coincidieron todos por un día, que serán miles, sin saber de clases ni cuentas de banco. Tú y yo subimos hoy a la cresta de esta ola de juventud, reencontramos el poder de lo ingenuo y lo espontáneo frente a tanto complejo encorbatado de resignaciones. Nos mezclamos con la generación siguiente y, en rebelde mimetismo, unimos palmas y garganta a su cántico amoroso. En esta movimiento nadie ha de quedar fuera; hay que llamar al que por pan ha ido a caer del lado del poder. La guardia también es humana, y hasta esos mohínos tíos gilitos de la Calle Muro, todos habrán de librarse de sus cadenas antes o después. Mas, en medio de esta fiesta humanista, me estremecía el aliento sulfúrico de la guerra. Ampliemos la lucha, la ola de paz para poner denuestro lado a quienes tienen en su mano el fin de la atroz represión, los que pueden abrir la jaula en que se encuentran confinados tantos millones de humildades contra el mordisco caníbal y espiral de los oscuros mercados con que nuestro sistema “libre” cuenta junto al hambre, las bombas y otras luctuosas y asfixiantes trastiendas.
Millones de jóvenes de espíritu, algunos también de cuerpo, acoplaron sus voces en un megáfono solidario y global. Sus armas, sensatez y alegría, humor, amor y profundidad combinadas en esa receta tan especial de la primavera . Y yo, en medio de la plaza, queriendo a pesar de la amargura mantenerme sentado, luchaba contra mi propia desazón para no ser abatido desde mi interior, por no sucumbir a la parálisis devastadora de los recuerdos. Nadie estaba pensando en eso; los demás cantaban, celebraban, reivindicaban. Yo le hacia el boca a boca a mi alma, atormentada porque sabe de cosas peores que los bancos y los poderosos.
¿Qué refugio buscar, donde no se infiltre la hiel emanada de las masas informes de codicia? ¿Qué camino tomar, si no el del templo y la flor, ante tanto dolor de mis semejantes? Ya no nos quedan mejillas, pero a los verdugos de la sangre y el sudor, a su vez víctimas presas de la codicia, a los esclavos del odio y el miedo mucho les falta por aprender a base de observar mejillas golpeadas e imaginar cómo cambiaría su universo si probaran a dar una caricia en lugar de un cañonazo. Más amor quiero dar cuanto más miedo, más manos tender al prójimo cuanta más tristeza por las ya perdidas. Es desigual la contienda, pues no se puede partir un alma con un sable, poco hacen los tanques contra un espíritu humano. Dejemos a un lado las pancartas y pasemos a los besos, decía una pancarta. “Cosas ingenuas de cuatro hippies”, dirán algunos desde sus mansiones, sin comprender, desde su materialista estrechez de miras, la profundidad y la trascendencia que encierra esa frase, sin poder apreciar –todavía- el poder de lo simple y lo espontáneo, sin sospechar -aún- que ese mensaje es precisamente lo que ellos mismos encontrarán, aliviados, al final de las varias etapas que restan en su arduo recorrido de evolución humanista y espiritual desde la caverna con el arsenal a la puerta al reencuentro con su propia paz interior. Luchemos con la fuerza de lo sincero, de lo indocumentado. Los que sólo entienden el mundo en clave de guerra e imperio opondrán una resistencia feroz. Abrazos gratis. Eso haría falta en castillos y mansiones, en callejones y búnkers. El tétrico esqueleto del mundo conocido está fundado sobre la codicia y el odio. Pero en su fondo hay calma, existe un sereno despertar de pétalos en un estanque.
La mayor parte del sufrimiento del mundo tiene su origen en las acciones que cometen personas en situación de esclavitud del odio, el miedo y la codicia. Hay que ayudarles, para que se salven ellos y para salvar de sus iracundas garras a todas sus víctimas, actuales y en potencia. Y esa vía que nos permitirá ayudar a esas personas a escapar de la jaula del miedo, el odio y la codicia ya está tomada. El mundo ya se está moviendo. Fue difícil romper la inercia inicial, pero ahora la inercia es al movimiento; ahora el estado de mayor entropía es el movimiento hacia la evolución humana y espiritual. La apatía y la resignación, el silencio de las personas buenas que preocupaba a Luther King, ya no es el estado más estable. Esto no hay quien lo pare. Se ha conseguido algo que hasta hace poco era imposible: movilizar al mundo entero, conectando a los países pobres con los ricos para que veamos que la lucha pacífica de todos es la misma. El siguiente paso es ampliar un poco la definición de esa lucha para que abarque todos los aspectos políticos, sociales o económicos que afectan a nuestra libertad y dignidad como seres humanos. Más adelante, la revolución pacífica se extenderá también al plano de las relaciones personales. Llevará un tiempo deshacer tanto tiempo de individualismo y conceptualización del prójimo como competidor, pero sin duda se conseguirá. Basta con que un número crítico de personas que se ponga en movimiento.

기대, 좌절이란 피희자

저같은 존재가 이 세상에서 탄생 하는 것이 자연의 학대에 대한 한 사례라는 결론은 저한테 분명한 사실이 되었습니다. 본 세상에 대한 기대를 죽이게 되었습니다. 남을 그만 도와주려고 한다는 이야기도, 본인의 고통을 그만 낮추려고 할거라는 이야기도 아니고 세상을 자발적으로 떠나겠다는 이야기도 아닙니다. 그냥 기대를 죽인다는 이야기 입니다. 저한테 기대가 좌절의 마련, 좌절은 고통의 원인이기 때문 입니다. 많은 것들을 포기 할 수 밖에 없겠습니다. 그래도 이 길을 가봐야 합니다. 다른 길이 너무 무섭기 때문입니다 .

Tuesday

acotación al autoanálisis...

El término ´depresión´probablemente no es el más apropiado para describir el estado que no es acción ni distracción. Sería más específico algo como ´desesperación´. Es un sufrimiento visceral, mucho más básico que el existencialista, y es un estado ´por defecto ´(del que uno sale a través de la acción y la distracción). ´Depresión´suena un poco a que el nivel de referencia es de buen ánimo, lo cual no concuerda mucho con mi visión del mundo que habitamos. Una idea que deriva de la anticipación obsesiva de ideas, en forma de bucle (cortocircuito de ideas) y la cual a su vez genera más angustia, es "si estoy pasándolo mal hoy, que no ha sucedido ninguna desgracia en mi entorno, ¿cómo estaré cuando ésta suceda?"

Monday

Acotación al autoanálisis...

La exposición al sufrimiento universal, producto de la falta de muralla o de su debilidad, produce varios tipos de sufrimiento; muchos de ellos, los que no están conectados directamente a las propias circunstancias o las del entorno inmediato sino que se dan por empatía con otros seres vivos expuestos a situaciones extremas, suele ser de baja intensidad pero muy constante. Uno vive el dolor de los demás, muy atenuado por la distancia, el tiempo y los rudimentos de muralla que se haya podido construir, pero la constancia de este malestar acaba desgastándolo a uno y minando su ánimo. Otro es un sufrimiento ´potencial´referido a "lo que le podría ocurrir" a uno mismo o a personas de su entorno. También es de menor intensidad que si la circunstancia temida se hubiese producido, pero es muy anterior a dicha desgracia, si ésta llega, es una anticipación del dolor que también resulta desgastante y limitadora del potencial de acción y distracción.

Wednesday

autoanálisis

A veces, hay explicaciones psicológicas sencillas. E incluso quitándole el ´psico´.

Cuando soy capaz de hacer mi jornada de trabajo y escribir un rato, se mantiene en pie la muralla que me invulnerabiliza del sufrimiento universal y eso me permite moverme dentro de los márgenes anímicos de cualquier otra persona cuya muralla no sea tan frágil.

Si, por el contrario, pierdo el tiempo y no me dedico a las cosas que tengo que hacer, aunque sea con una mínima ´productividad´ (por si esto suena perfeccionista, téngase en cuenta que mis actividades no tienen por objetivo la productividad material sino, en un 90%, la cultural/espiritual), entonces me encuentro frente a frente con la crudeza de un mundo cuya crueldad, en todos sus grados de complejidad, es tal que el alma, si es consciente de su verdadera naturaleza (la paz y la compasión) está necesariamente expuesta a un dolor intenso durante todo su tránsito por la existencia física. Hasta ahora ha ocurrido esto segundo.

¿El motivo? Muy fácil. La forma en que funciona mi mente. Hay un error de programación, un fallo en el mecanismo. Mi mente, por defecto, funciona a una velocidad excesiva para ser capaz no ya de plantear y analizar un problema y llegar a conclusiones, llevar a cabo una planificación o gestión de actividades, tiempo y energías, sino incluso de mantener una misma idea más allá de unos pocos segundos. Con esta forma de procesar y elaborar ideas, resulta muy difícil cumplir cualquier objetivo por modesto que éste sea.

Tampoco juega a mi favor (aunque este obstáculo queda ciertamente muy reducido cuando soy capaz de solucionar el anterior) es mi tendencia a la obsesividad a la hora de elaborar o procesar ideas. A menudo, cuando de pronto me paro a analizar una idea que lleva un tiempo creciendo en mi mente, me parece disparatada y despegada, inconexa de los estímulos o planteamientos de partida.

Hay maneras de detener ese torrente; varias actividades, combinadas, tienen la propiedad de permitirme descansar, feliz y ajeno a los males de los demás rodeado de murallas robustas. El problema es que, por los motivos expuestos, dependo más de factores externos y aleatorios que de mi voluntad o necesidad a la hora de darme a esas tareas.

Si (y sólo si) llevo adelante mis tareas, soy capaz de mantenerme anímicamente estable y ajeno al sufrimiento del mundo.

Toda persona receptiva al sufrimiento y la crueldad del mundo, en general y en particular, en sus múltiples y a veces retorcidas formas, necesita hacerse una burbuja protectora que le impida volverse loco o, al menos, pasar los días participando de ese sufrimiento universal en la medida que admite el cuerpo y el alma de un solo individuo, muy limitada, sí, pero suficiente para hacer de la vida un paseo muy ingrato. Es como un caparazón de quitina. Igual que nos construimos casas para protegernos de las inclemencias, necesitamos una coraza para domesticar a nuestra percepción y acotar nuestro mundo subjetivo sin permitir que en él entren las muchas cosas inadmisibles que tiene el mundo objetivo (inciso: es probable que nada que se perciba a través de los sentidos sea una realidad, pero en la práctica eso da igual porque los sentidos, si nos engañan, lo hacen demasiado bien).

Todo el mundo se construye una muralla alrededor. Cuando se dice de alguien que vive ´en una burbuja´ la connotación suele ser negativa, pero es algo muy natural y probablemente imprescindible para campear por el mundo. Las burbujas que la gente se monta son de lo más variado: actividades que anestesian la mente (trabajo, ocio, problemas creados a propósito para olvidarse de otros mayores), estímulos físicos o químicos, actitudes (desde la insensibilidad y el egoismo hasta creencias fantasiosas que presentan el sufrimiento de los demás como parte de una supuesta armonía de la naturaleza, pasando por la muy extendida costumbre de intentar explicarlo todo con argumentos lógicos tipo “no pasa nada porque tal ser vivo sufran porque...”), etc.

Yo sólo sé construirme la burbuja combinando ladrillos de ejercicio físico, meditación y espiritualidad (con elementos propios y otros tomados de escuelas existentes así como a través del intercambio afectivo), trabajo y actividades creativas. Y una muy importante: la que se teje con la sensación de haber hecho, dentro de las capacidades reales de mi cuerpo y mente, todo lo posible en la lucha contra el sufrimiento universal. Claro que, una vez puestas esas capas, voy añadiendo otras más finas como la del ocio, vida social, etc, pero aquéllas son imprescindibles. Y para procurármelas, a su vez, necesito organización. Para una mente en constante avalancha, planificar es como intentar hacer labores de relojería si las manos de uno son patas de elefante. Como tratar de resolver un rompecabezas o acertijo en unas décimas de segundo.

Dentro de mí hay una corriente de ideas desatada, a veces inconexas, otras interesantes, pero siempre impredecible. No puedo dirigir mi pensamiento a un tema determinado. Si quiero resolver un problema, tengo que aprovechar los segundos que mi mente, como un desorientada, permanece casualmente posada en él antes de reemprender su ajetreado vuelo. A veces, coincidiendo con los momentos de cansancio debido a su continua lucha por encauzarse, el río pierde fuerza y se convierte en un estanque de ideas estancadas y recurrentes, pero sólo a través de una actividad consciente y voluntaria, como la meditación, el ejercicio físico o el trabajo, puede llegar a ser un estanque cristalino con el reflejo de la luna en su superficie, condición necesaria, a su vez, para acometer con posibilidades de éxito las actividades que, a su vez, le harán sentir segura dentro de su recinto de subjetividad.

Esa corriente desatada no se puede domar sólo desde dentro. Si la experiencia, como dicen, es una voz que merece ser escuchada, y muy a mi pesar, será cierto lo que me apunta sobre mis intentos pasados de solucionar el problema en solitario y la consecuente valoración negativa de la probabilidad de éxito de dicha empresa en el futuro.

De ahí el planteamiento al que, no sé si acertadamente, pero apoyado en la experiencia, llegué hace cuestión de meses: la única forma de tomar cierto control sobre el torrente y encauzarme la cabeza durante un rato (por supuesto, dejándola libre el resto del tiempo) es con la supervisión, seguimiento u orientación, estrecha y constante, de otra persona.

Le planteé esta necesidad de supervisión externa a la persona que me había estado tratando varios años. No contestó directamente a esto, emplazándome de nuevo a técnicas que he de aplicar en solitario. Pero yo tengo muy claro lo que ocurre con los intentos de hacer las cosas solo.

Sólo la autoridad externa es capaz de controlar el impetuoso río de ideas. Desde dentro,y por la propia definición del problema, cualquier intento de atajarlo acaba perdiendo efectividad al cabo de un rato. Dicho de otra forma, yo intento poner en juego todos los recursos que me permite mi capacidad de análisis y proceso, puedo combinar estas herramientas con el combustible de actitudes como el coraje, el amor propio, la serenidad o cualquier otra actitud pero, mientras viva con los pies dentro del río, será como intentar hacer obras de mantenimiento en la vía del tren sin desviar o interrumpir la circulación durante las mismas.

Las personas ma´s cercanas a mí, y a quienes me unen vínculos afectivos muy estrechos, se han planteado sin duda la manera de llevar a cabo la prestación de esa ayuda. Sin embargo, no parece tarea fácil. Es posible que los vínculos afectivos no jueguen precisamente a favor en ese sentido, que la intervención externa tenga que darse desde cierta imparcialidad. Como cuando uno está jugando al ajedrez y te da consejos alguien ajeno a ti y a tu contrincante.

Tal vez es imposible recibir esa ayuda externa de una forma que yo, desde esa parte de mí que se opone a la solución de los problemas, no boicotee. Podría ser. Pero sólo se me ocurren dos posibilidades: o intentar por todos los medios procurarme esa teórica supervisión externa, Lo cruel y las conexiones...

Dentro llevo la frustración acumulada de ver pasar los meses, los años...sin haber escrito, trabajado, etc. a excepción de algunas ráfagas de tranquilidad que no se continuaban en el tiempo y han acabado casi siempre en notas con ideas acumuladas en un cajón o archivos a la deriva en los ceros y unos de un ordenador.

Pero, como uno tampoco puede permanecer mucho tiempo expuesto a la intemperie, los espacios donde no soy capaz de poner actividad física, espiritual, laboral o creativa, los tapo con distracciones inmediatas y dañinas del cuerpo: hidratos de carbono, cafeína, etc.

Rozo el límite de las reacciones desatadas e iracundas, aspecto que me preocupa bastante. Se apodera de mí la hipersensibilidad y me irritan cosas que deberían alegrarme. En estos brotes de incontenida ansiedad he dejado inservibles bolis, cepillos de dientes y algún aparato electrónico. Mientras sean sólo objetos inanimados y no llegue a la autolesión...

Esto puede sonar exagerado e incluso parecer una maniobra para llamar la atención y solicitar ayuda externa para llevar a cabo algo que debería hacer solo. Sin duda podría hacerse esa lectura...si la ayuda no se estuviese pidiendo después de una serie interminable de intentos dirigidos a solucionar el problema desde dentro y sin llamar la atención de nadie. Téngase en cuenta que la motivación principal para conseguir el objetivo de la planificación, y la consiguiente estabilidad emocional, es principalmente la necesidad, casi física, de contribuir a la reducción del sufrimiento de los demás y la progresiva creación de condiciones que permitan a las almas responder a la paz y la armonía, sus primigenias condiciones. Y tampoco habría llegado a predicciones tan tajantes como ´si no recibo esa ayuda, no podré evitar pasar toda la vida expuesto a un dolor impredecible y a menudo muy intenso´ si no hubiese comprobado reiteradamente que la ausencia del oxígeno que describo en párrafos anteriores me pone en situación de hipersensibilidad respecto al sufrimiento y la debilidad de los seres vivos. Toda esta reflexión parte de la experiencia observable de recibir un rato estímulos cotidianos como los contenidos de la televisión, las conversaciones de la gente por la calle, etc, elementos aparentemente inconexos con fenómenos que causan directamente violencia y el dolor extremo.

Recordemos que,si no he cumplido con mis tareas y proyectos, aunque sea en una pequeña parte, mi burbuja está rota y todo está conectado.

Jardinero


Tiene una serie de necesidades muy concretas, muchas de las cuales ha intentado obviar o redefinir como prescindibles. En muchos casos ha funcionado, sobre todo en lo que se refiere a cosas materiales- las cuales, por otra parte, nunca consideró muy necesarias. Sin embargo, la lista sigue siendo muy larga. Hay dos o tres necesidades que por definición demandan mucho tiempo (trabajo, etc), unas cuantas con exigencia de tiempo moderada (entre ellas, las actividades creativas), y un grupo de necesidades poco consumidoras de tiempo pero muy numerosas.
Comunicación, formación y otras actividades relacionadas con el sustento, intercambio afectivo, resolución de trámites y operaciones administrativas, etc. Las pequeñas son muy variadas.
Cada necesidad es como una planta que hay que atender para evitar que se seque, se marchite sus ramas se extiendan en exceso. Lo cual ocurre con frecuencia.
Cada día, se mueve por el jardín fijándose en lo que demanda cada planta y se dispone a regar, podar, abonar o lo que sea menester en cada caso.
Pasa mucho tiempo indeciso respecto a qué planta atender primero, por lo que muchas veces encuentra algunas secas, marchitas, etc.
Para evitarlo, adoptó la costumbre de no pensar demasiado qué planta requiere su atención en primer lugar. Eso le llevó a pasar ratos largos mirando a una planta recién regada y dejar que otra se seque.
Decidió entonces procurarse un sistema de organización. Pero esto le llevaba un tiempo que necesitaba para las propias tareas de mantenimiento del jardín.
Los continuos desplazamientos por el jardín, de una planta a la otra, le producen cierto cansancio. Se sienta a descansar mientras come piñones o ciruelas anteriormente cosechadas. Esta actividad ya no es descanso; en un momento dado pasó a ser una táctica de evasión.
Los demás, y a menudo él mismo, se preguntan por qué es tan difícil organizar sus desplazamientos por el jardín. Ha intentado en numerosas ocasiones reducir el tamaño de éste, llegando a la conclusión de que es necesario para él un número mínimo de plantas. Las plantas le proporcionan el oxígeno que necesita. Intentó prescindir de algunas, pero empezó a tener problemas respiratorios.
Entonces se planteó cómo era su forma de desplazarse por el jardín.
Nunca se movió por el jardín andando. Siempre lo hace en un pequeño bote que se mueve en una corriente de agua que recorre todo el jardín, y en el que llena la regadera para hacer su trabajo.
Cuando quiere desplazarse de un lado del jardín a otro, mueve los remos del bote hasta llegar a su destino. Pero el agua del canal no está en calma. No sólo mueven el bote las olas sino también una misteriosa corriente que a veces es muy débil, casi imperceptible, adquiriendo por momentos tal ímpetu que es necesario soltar los remos y sujetarse fuerte al bote para no caer al agua. En cuanto al caudal, tan pronto desborda el canal, inundando parte del jardín, como desciende hasta que el bote toca el fondo y no se ve más que un hilillo de agua. No conoce el principio físico, si es que hay alguno, que explica ese fluir continuo del agua en un canal cerrado ni los cambios bruscos de caudal y velocidad. El caso es que cuando el agua está relativamente tranquila se puede remar hasta el lugar donde uno quiere llegar o hasta la planta que uno quiere atender. Cuando, por el contrario, aumenta la corriente o la turbulencia, el bote es la bola de una ruleta y se detiene de modo aleatorio en un punto u otro del jardín.
Cuando su bote se detiene frente a una planta, aprovecha para comprobar su estado, regarla, podarla en caso necesario o llevar a cabo la tarea que demande.
Cuando la corriente empieza a arrastrar el bote a toda velocidad, sólo puede sujetarse fuerte con una mano, usar la otra para llevarse a la boca las ciruelas y piñones que, en previsión, suele llevar en el bote, y esperar a que las aguas se tranquilicen para ver en qué parte del jardín va a poder disfrutar de un rato de dedicación.
En el bote lleva también todas sus herramientas; nunca puede bajarse de él. Tiene experiencia en el remo, pero nunca aprendió a desplazarse por tierra firme. Quiso aprender esa técnica, pero la dedicación que su trabajo exige no le permite dedicar tiempo a otra cosa. ***
Es consciente de los límites que impone a su desempeño la vida en un bote sujeto a cambios imprevistos de velocidad y caudal, lo que no impide que se siga sintiendo frustrado al no poder comprobar cómo sería su jardín si él fuese capaz de atenderlo como sus capacidades de jardinero le permitirían en caso de poder bajar del bote en algún momento.

Thursday

sombra

Giro luego la cabeza hacia ti, sombra huidiza y pegajosa, invisible e inevitable espectro. Se posa mi lápiz en la ecuación de tu cuerpo irreal; me salto así, por una vez, la universal norma de mirar sumisamente en la dirección que tú tengas a bien señalarme con tu índice imperativo y tenebroso. Pongo en ti, oh tiránico gemelo, esta mirada aún interrogante después de tanto camino a merced de tus dictados. Mas no liberan mis labios pregunta alguna. Esta vez tampoco. La rebeldía de mi encorsetado tablero de juego no brota, tampoco hoy, como el torrente furioso que un buen guión pediría; quiere el guionista, de maldad insaciable, que se quede un día más en manso goteo de rabia acostumbrada y perpleja, que no pase de inofensiva protesta a tus retorcidas intenciones. Tienes suerte. Los dos sabemos que de tu castillo cuadriculado e inexpugnable ni un ladrillo quedaría si sólo te dedicara un cañonazo de lógica, y aun bastaría un soplo de raciocinio para que tu recia fortaleza se viniera estruendosamente abajo. Pero sabemos, también, que tales acciones no saldrán de mí. No mientras siga engañada mi física conciencia, mientras persista mi ser material en confundir tu gélido fortín con cálido refugio. Y ahí estás, parado, mirando mi desesperanza con condescendiente desprecio, con la misma sonrisa, intrínsecamente burlona, que me vio crecer, única constante en mi travesía, rica en fluctuaciones y marejadas. Leve, por no ser menester tener otra más pronunciada. Descarada, al no precisar que sea más discreta. Disfrazado de beneficiosa estrategia , te vuelves metáfora insensible y calculadora de repetitivos patrones de pseudovidas, tornas disimuladamente en sofocantes inversiones de papeles entre amo y utensilio. Imperturbable, tu voz suena "lánzate, no temas", cada vez que, de soslayo, te miro como pidiéndote permiso para zambullirme en el vino más dulce del olvido. No te importa dejarme bucear un rato en un infinito siempre nuevo, siempre antiguo, collage de reflejos y canciones que cobija mi vuelo multidimensional. Poco te supone darme unos años luz de cósmica cuerda para que planee un rato, libre de máscaras maliciosas . Poco, nada te trastorna, mientras tengas en tu mano el terrenal otro extremo de la cuerda. Sabes, sabemos, que los eones se tornan segundos, que no tardaré en volver a la amarga superficie, saludándote por mí la resignación mientras resbalan por mi piel las últimas gotas del líquido elemento. Mas tengo derecho al menos, como creador tuyo, a limitar tu mala intención. Eres producto de mi fantasía. Te exijo, más que pedirte, que me permitas acotar tu perversa influencia sobre la frágil acrobacia de mi rutina. Te ordeno que me dejes olvidarte siquiera unos instantes, un día. Si no cumples mi voluntad, aprovecharé uno de esos viajes para encontrar el sabroso antídoto a tu mordedura primigenia, el filo que corte los hilos de tu poder. Y entonces ya no me alcanzarás más, viviré para siempre en la galaxia alegre del baile y la poesía, riéndome de que, alguna vez, tuve una sombra.